Las elecciones en el estado de Michoacán han sido como marca la tradición política escandalosa, terrible, audaz, eficaz y con todos los adjetivos que podamos inventarnos. Estamos en una época que además de esa política mexicana con larga tradición se suma a las nuevas ideas de venta; la mercadotecnia política asume un papel importante.
Anuncios televisivos, radiofónicos, encuestas personales ala casa de todos los ciudadanos, carteles, calcamonías en coches, mensajes en internet y las nuevas bellezas publicitarias de pulseritas con los nombres de los candidatos o la bendición del telemarketing sonando en el teléfono no fueron la excepción.
La mercadotecnia y mundo consumista se vieron mezclados en los días de campaña, vistieron a la ciudad de colores en autos y desfiles con apoyos a sus candidatos; ya se veían los negriamarillos, los rojiverders o las azuliblancos como los más sobresalientes. Hubo de todo, camisetas, desayunos, parrandas, debates.
Pero eso de que somos un país democrático se hizo presente, los trapitos al sol de cada candidato salio, se dejo ver, se noto. Eso de guerra limpia no pudo mantenerse. Los amigos periodistas se ven algo demacrados con el exhaustivo trabajo que las mismas campañas generaron. Al final el resultado lo sabremos hasta ese día de votación esperando que la situación se controle y dando resultados finales todo cierre su ciclo.
Sin embargo con el que mantuve una especial atracción a escuchar parte de su campaña fue del joven candidato panista Alfonso Martínez. Todo comenzó cuando al discutir con un panista asumí que no pensaba votar por él, me pidió que revisara las propuestas de su candidato, la juventud y lo que había hecho ya en el pasado. Así que por eso seguí su consejo. Creo que si hubiera sabido el desenlace del evento lo no hubiera sugerido.
De la campaña de dicho candidato me llamo la atención dos puntos en especial. Una llamada telefónica a la casa que disfrazada de encuesta resulto ser una estructura muy sucia de política consumista. Levantabas la bocina y una voz muy amable no te decía que la encuesta era partidista, así que te preguntaban porque candidato votarías, después te hablaban de logros de Alfonso Martínez, cosa que la verdad no sabía que había hecho, ustedes saben esos diputados que nos rinden cuenta, entonces hablaban mal del candidato al que daría mi voto, me explicaban las propuestas de Alfonso Martínez y entonces volvía a preguntar por quien votaría si ese día fueran la elecciones.
Este es el punto más interesante: respondí que votaría por el mismo candidato que había nombrado al principio de la encuesta, para mi sorpresa la voz respondió sorprendido: ¿En serio? ¿Usted votaría por ese candidato? Para ese momento desgraciadamente estaba recién levantada de la cama y semidormida, pero me fue sorprendente la demagogia para lograr votos. Sólo hablar mal del otro como si por un punto fuera todo lo peor, por otro lado, ¿acaso en todas sus encuestas telefónicas convencía a los ciudadanos de cambiar su voto por él?
Lo segundo que me llamo la atención es un anuncio radiofónico que en la misma voz del candidato asumía que gracias a que Felipe Calderón siendo de su mismo partido lo apoyaría, te sugería votar por Chavo López como gobernador para que entonces a Morelia le fuera “muy, pero muy bien”. Además debo agregar para este pequeño análisis que durante la campaña de Alfonso Martínez asumió que era necesario darle una oportunidad a alguien que nunca ha estado en ese cargo y darle la oportunidad de cómo joven asumir el poder, generar un cambio.
Sin embargo el cambio que parece pedir Alfonso Martínez con lo que respecta a su persona deja más que desear. Si el mismo escucho su encuesta y su promoción radiofónica y asumió que estaba bien, queda una duda: ¿Para qué cambiar un color si su centro de política es igual o peor que la que critica? El critico duramente a los otros porque ya habían ejercido el cargo, pero en su partido el candidato por la gobernatura también estuvo dos veces en el mismo cargo. El critico muchas cuestiones de partido y él, después del cambio, no cambio la estructura demagógica y en su búsqueda de votos sólo hizo lo mismo que hace treinta años pero con la tecnología del siglo XXI.
Su discurso de convencimiento en los medios de comunicación fue frágil y simple. Su argumento no fue más que la terrible idea de que el pueblo olvida y tratar aprovecharse de esa idea es lo que deja más que desear, como es que el partido del cambio no cambia ni hace nada por entrar en diálogo con la ciudadanía para proponer una transformación de fondo.
La peor conclusión es que si Alfonso Martínez esta en el PAN y él es un simple reflejo de todo el partido, estamos hablando que todos los partidos son iguales, inconscientes, demagogos y sobre todo olvidados de sus obligaciones para con la sociedad, pesando más el deseo de poder que la congruencia de las nuevas propuestas políticas que urgen proponer al país.

0 comentarios:
Publicar un comentario