Hay días que la mente divaga como un globo aerostático. Despierta lenta desde muy temprano. Comienza a desplegar sus piezas y a calentar el aire con los planes con los típicos dónde, cómo, cuándo, qué, por qué.
Entonces empieza a subir. Despacio y mirando el paisaje como el observador que debe ser. Sin poder actuar, muchas veces sin contarle a nadie lo que piensa o lo que le sucede mira. Su regreso es a veces simple y otras puede ser peligroso y hasta mortal.
La mente a veces es otra. Es un cohete que huye a la luna. Se queda unos días alejada de todo. Sólo enamorado de la luna. Solo con el espacio, el sol, la luna, las estrellas y lo que no tiene nombre aún. A la semana o mes, regresa. Uno viven y otros mueren de ese regreso. Pocas mentes han sido aviones, helicópteros o trasatlánticos. Pero si pueden ser deltas, paracaídas o veleros.
La mente es aire. Como aire tiene formas diferentes para hacerse notar. Los tornados y huracanes son en la mente explosiones de depresión, angustia, miedo y cercanos a la muerte; superarlos son ideas de creación, alegría, felicidad. Los vientos tranquilos son cosa más de días en los que planea la mente en la delta o en algún experimento nuevo que pueda suceder.
Cada instante que pensamos hay un ligero viento que pasa sobre nuestra cabeza, claro que no es externo, ni es rayo de luz, ni siquiera es un pájaro anidando sobre nuestra cabeza. La mente es cielo lleno de nubes con las que podemos jugar a descifrar sus formas, para de ella registrar el destino y futuro de ese cielo, lo que pensara en la mente: desastre o alegría, lluvia o días soleados, verano o primavera, días de fiesta o de encierro y cuestiones que a veces se suman más a la enloquecida rareza del pensamiento: seguramente no me ama, supongo que la oportunidad viene en otro tiempo, posiblemente la magia existe, es fácil entender porque la lógica siempre pierde y otras tantas ideas con ese sentido que, en su mayoría, surgen de una idea más certera de no saber lo que ocurre y por miedo no se dice.
El aire que entra a los pensamientos los puede hacer crecer si las ideas son fuertes y tienen dirección, si no, su destino es irse como hojas caídas en otoño que tras ligeras ventiscas avanzan. Si se tiene mucha suerte la ley de las estaciones servirá para algo interesante: abono o semilla para un nuevo árbol, por lo que de alguna forma esas frágiles ideas regresaran al mapa celeste de la mente.
Hay otras ideas que formadas con todo un desarrollo de ellas mismas, digamos que niños de siete años, ya carácter formado y sólo esperado crecer para hacer las modificaciones que le permitan vivir; se pierden. Desaparecen delante de nuestros ojos, nos queda la vaga idea de su fisonomía, su voz, sus ojos, pero no recordamos su nombre. Al cabo de algunos años en medida mente, medida que por cierto cambia (pueden ser horas, días, meses o hasta años), reaparece crecido y hecho todo un ejecutivo, entonces se le pone escritorio, se le da buenas plumas y libretas para que desarrolle lo que lo alimento en todo ese tiempo que no hemos sabido nada de su vida, o suele suceder que regrese como un vago perdido de todo. Ahí la mente tiene también esas ventiscas fuertes para limpiar de nuevo el aire y renovar a las imágenes que tiene intenciones de desarrollar.
Nadie lo cree, pero ciertamente hay días que una idea regresa convertido en un hippie, un esotérico, un mago, un curandero, un chaman. Entonces sabemos de su destino: contagia todo la mente y generalmente sube a los globos aerostáticos para desde allá mirar que sucede, sólo observar. Hará de lo que es y siendo ese conocedor desarrollará teorías de buenos o malos tiempos futuros. Cuando llegue a tierra correrá para poner todo en orden y buscar la forma de hacer nubes con formas mágicas y permitan hacer que el aire ande por todo el cuerpo, no sólo la mente, para llenarlo de ideas positivas.
Si para ese momento se tiene un hippie y un ejecutivo en la cabeza el viento se convierte en agradable brisa marina, se juega la idea de cómo poner un spa a la orilla de un playa exclusiva donde se pueda cobrar mucho (idea de ejecutivo) y se pueda renovar el espíritu, se coma sanamente y la magia los haga sentir vivos y fuertes para las nuevas expectativas del futuro.
La mente es aire, las ideas son personas, el pensamiento es el paisaje. Claro que hay mentes que viajan en aviones y trasatlánticos. Claro que hay ideas que generan solamente monstruos y sacerdotes. Claro que hay pensamientos que se ven dentro de tsunamis y temblores. Al final pensar es aire y sin limites crea todo lo que le pedimos que nos traiga a la cabeza.

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