miércoles, abril 09, 2008

Manos ensayando

Uno se sienta frente, hoy en día, computadora, comienza a escribir en el teclado que suavemente cede ante la fuerza de los dedos. Uno teclea letras, después de mucho tiempo es simple, es cuestion de memoria, de función, de uso, de atiborrar la página de un montón de letras que tal vez no dicen nada pero tienen cara de ensayo. Se ensaya lo que se quiere decir, al unisono del hipnotico sonido del teclado. Cuando escribia a máquina de escribir, el sonido era el golpe de las letras sobre la cinta y entonces el papel; hoy solamente es el sonido de las teclas al apretar algún resorte y que hacen aparecerlas en la pantalla.
También recuerdo esos burdos ensayos de escribir directamente en la máquina de escribir. Entraba la hoja al carrete, se media para que quedara perfectamente bien alineada, se recorría el rodillo para dejar la hoja al principio, se median los margenes, uno comenzaba. En días en que los dedos estaban fríos se atoraban entre tecla y tecla, a veces salían botando alguna que otra. Otros la dureza que forzaban dejaban algún dedo exhausto. Entonces comenzaba a escribir. La línea del lado derecho nunca me ajustaba, siempre era una serpiente la forma en que me quedaba según mi maestra de mecanografía. Al final de esas clases logré que no se vieran tan mal mis hojas.
Entonces vino el gusto a escribir poemas, cuentos y todas esas cosa, las hojas salían, se acababan, me desesperaba... escribir a mano y luego pasar a máquina fue la solución. Entonces me enamoré de una pequeña máquina de escribir. Dijeron que era mía, que había sido con la que mi mamá había aprendido y decidi quererla.
Pero no hubo mucho tiempo del amor. Llegó la primer computadora a la casa. Entonces el teclado se volvío seductor, su sonido y suavidad, además a eso se le sumo la facilidad de la pantalla. Uno puede hacer mil textos, guardar todos y con la cabeza fría generar más, quitar, partir, pegar, cotar, copiar y no perder las letras, sólo llevarlas, pasearlas, transmutarlas y en todo momento seguir siendo ellas.
De la primer computadora a que llegará mi lap pasaron casi diez años. Muchos me decian que el teclado de una lap es terrible. Pero me enamore en tan sólo tres meses. La nueva adquisición me tenía feliz para escribir sobre ella, el único problema que me causo fue eso de tener que ser responsable de ella a cuanto su mantenimiento en sofware.
Entonces de la página de escribir en máquina, a la computadora, a la lap personal, ha sido mucho, ha sido demasiado. Sin embargo en todas hay un factor que de verdad me encanta, cuestion de que me encanta escribir a mano pero no es lo mismo. Cuando uno se enamora de un teclado, de cualquier tipo, siempre existe la posibilidad de que los dedos escriban más rápido de lo que la cabeza les dice. Es la libertad de la manos de decir, diríase manos cultas, manos mágicas, manos que además de acariciar sueñan con decir lo que la boca no les permite.

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