domingo, mayo 25, 2008

Totalidad: Ideogramas

Los ideogramas danzan cuando los observamos. Son formas en las que un idioma se nos presenta con la fuerza del viento, de momento sólo pienso en el idioma chino, coreano y japonés que me son familiares como ideogramas.

No todos los ideogramas nos llaman la atención, algunos nos gritan, otros son un blues a media tarde y otros más dan cariño en el momento en que más lo necesitamos.

En general los ideogramas se nos presentan de muchas formas y en muchos lugares, pero es un momento de la vida en que les ponemos atención. A veces los apreciamos más dependiendo del contexto en que lleguen a nosotros: un arte marcial, una terapia holística, un oráculo, un sutra o de tantas formas como pueda meterse a nuestra vida.

Los ideogramas son diferentes para cada persona que los mira. Nos adentramos a ellos dependiendo de nuestra energía, intención y archivo kármico. Para una persona que desconoce de su significado nos guiamos por su forma, guiño y gesto.

De los ideogramas que permiten ser mirados están los de El libro de las mutaciones, es decir del I-Ching; texto que hicieron famoso los hippies en los 60’s y 70’s. Es un oráculo que se lee lanzando tres monedas o contando las varas de milenrama. Claro que a su lado podemos encontrar el Tao Te King. Ambos son libros tanto filosóficos, poéticos y sagrados, donde podemos ver una multiplicidad de ideogramas.

El I-Ching es un libro que plasma un ciclo perfecto de sesenta y cuatro momentos, al observar sus ideogramas notamos la delicadeza de los trazos con que se van presentando cada uno de ellos; en este proceso miramos como los trazos crecen y se reducen, haciendo que el lector occidental se quede observando el ideograma como una imagen que tiene que interpretar cual pintura, ya que sus letras le son una realidad distinta a la tipografía fonética unitaria a la cual pertenece nuestro sentido lógico. El libro de las mutaciones expone ante nuestros ojos ideogramas con un contenido variado, su concepto único toca diferentes áreas con su mismo trazo. Nos permite enamorarnos de uno o dos ideogramas, por su significado o por su forma; pero al ser mutación, nuestra mirada sobre ellos varia, así que permite explorar infinitas veces los ideogramas, para dejar en cada momento el que nos deba acompañar en la memoria.

Los ideogramas son un todo expresado en la unidad. Es una imagen más cercana a las runas vikingas como oráculo que al alfabeto griego, representa un concepto que al ignorante de su significado sólo puede mirarlo con la emoción, con la idea de que pertenece a un arte.

En la película Libro de cabecera, tenemos el mejor ejemplo de lo que un ideograma es: una escritura que desdobla secretos y nos hace ser por medio de la simpleza y sonrisa con la que esconde una personalidad y en el mismo instante de ser un todo. La película nos lleva por un ritual sobre la escritura y al mismo tiempo la totalidad de los ideogramas. El nombre que se escribe en la cara de una niña para hacerla recordar su nombre, escribir en el cuerpo del amado sobre el amor, asumir que los lugares que no se ven son para escribir lo oculto.

Los ideogramas en este momento ya son más comunes en nuestro mundo occidental y siguen siendo contenedores de secretos, suaves o fuertes, alegres o tristes. Escribir es cosa de sabios y genios, según dicen, pero creo profundamente que un ideograma es cosa de corazón.

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