A veces decidimos que las decisiones ya tomadas deben cambiarse. Una decisión se cambian en el transcurso de llevarse a cabo, en el transcurso de la última palabra y el paso que se da. Creonte por ejemplo decide, tarde en cambiar la decisión tomada y entonces cuando actúa es tarde: su mundo ha muerto.
Pensar una decisión, sobre todo decidirse, es una adivinanza, una moraleja, un segundo, un instante, una vida; decidir sobre la vida es un abismo, un riesgo, un hoyo negro, un segundo piso, un terremoto.
Cambiar lo pensado en nuestra vida, asumir que existen miles de formas de mirarlo, nos hace detenernos, repensarnos, descartarnos, ensuciarnos y por momentos sugiere cambiar de nombre, país, profesión, ideas, partido político y todo lo que pueda hacernos ganar el tiempo que se ha ido pensando en que lo que se había decidido era bueno, perfecto incluso para nuestro enemigo.
Sin embargo las decisiones son las que dan forma a nuestra vida, le dan rumbo, destino, suerte, inercia, aire y peso. Son los pasos que damos, las ideas pensadas, los amores ganados, son los otros y nosotros lo que nos hace ser. Somos en las decisiones que tomamos.
Decidir estudiar ingeniería tomando el riesgo de construir para otros, medicina para curar a otros, derecho para defender a otros, filosofía para cuestionar a los otros, para ser una pasión desmedida en tiempos de penurias y citar a Hölderlin y Heidegger; para aclamar por que los libros son armas de paz, para pensar que el mundo globalizado es caníbal y no humano, para decirle al mundo que pensar es una actividad tan productiva como arar campo, para sentarse en la torre de marfil y creer que el mundo es maravilloso, tanto que necesita reflexionar sobre todo lo que ocurre y si pude un poco en él.
Sin poder cambiar el pasado, como tanto se ha dicho, se levantaran monumentos a aquellos que viven sin el miedo a vivir, a ser ellos, a quitarse a la familia que le rige la moral, la ética, la profesión, el sexo, el amor, los hijos, el futuro; se levantará una escalera a los que decidan acabar con lo terrible que aqueja a este mundo, se construirá una ciudad flotante para los que encuentren curar a la humanidad de sus terribles dolores físicos, mentales, espirituales y sobre todo curar el alma.
Decidir qué se es, qué se hace, qué se dice, pero sobre todo quién se es, es cosa de un segundo, un segundo donde podemos quedarnos enganchados cinco años a una piedra, al naufragio de un barco, a la construcción de un imperio, a lo que se dice que se decide para bien de uno, de los propios, de los ajenos o el mundo.
Tal vez por ello, este 2008 que acaba, decida morir en calma, porque el año que le sigue, nace con la estrella más complicada, capaz de gestar holocaustos o molinos de viento.
martes, diciembre 30, 2008
martes, diciembre 02, 2008
Y en qué momento...
El fin de año se ha vuelto una terrible fecha para mi, digamos que eso del invierno y diciembre comienza a ser una carga inmensa a mi fragilidad humana, aunque muchos no lo creemos existen esas tentaciones de ser humano cuando la vida no ha dado puntos claros sobre que se está viviendo.
No se puede negar que de momento a diferencia de otros años, hay muchas caras conocidas que se asoman en la vida, el regreso de voces que nos hacen asumir que la vida va bien y tranquila. Sin embargo hay el peso de un tiempo que se aproxima que duele más, un tiempo de rompimiento que se acerca nombrado y existente, pero no tomado, ni vivenciado.
La tecnología hace de este fin de año un sismo mental para darle la bienvenida a un año que de entrada nace anciano, con la esperanza de ser ese héroe trágico que nos dará todo exigiendo un culpable y tendrá que asumir que es él; siento que el 2009 tendría que llamarse Edipo, ser el hombre que exige una respuesta a sus males y enterarse que el mismo los engendra y que todos sus hijos cargaran con el peso de su maldición. Entonces tal vez diremos que los cuatro jinetes del Apocalipsis están por llegar, aunque en Hollywood está de moda todo lo que tiene que ver con las génesis de los superhéroes o por lo menos de las historia que parecen sin cabeza.
2009 tiene marcado aún a días de su nacimiento un sentir que otros años ya han cargado: 29, 82, 88, 94, 00, y ahora será un ingenuo 09, un nueve que tiene la cualidad de no sumarse ni restarse, con otros números y siempre ser él, de ser y no ser con el mundo y sin él, un nueve que dicen los pitagóricos alumbra al mundo porque su divinidad nos permite seguirlo y en su sabiduría ser el salvador de este mundo.
Y entonces se suma la crisis que viene, más el vacío que existe, más el frío furia, más el comprar para existir, más las armas en el mundo, más el mundo sin mundo, más el mundo lleno de depresión, más el frío decembrino que llama unas navidades sin sentido, más el mundo imaginando su destrucción en el 12, más no sé cuantos países esperando el 10 para festejar sus revoluciones. El mundo que vivo y relato no son tan desconocidos cómo ingenuamente he creído. Me detengo a pensar, la figura de Heidegger, ante su ensayo de "¿y para qué poetas en tiempo de penurias?", verso que toma prestado a Hölderlin y no creo que pensó en tiempos nazis sobre la humanidad. Todos creemos que vivimos el peor sentido de la humanidad, todos creemos que el pasado es un pequeño holocausto a lo que ahora respiramos; sin embargo he renunciado a ese punto, siento que ahora nos hemos vuelto más animales y eso es todo.
Ahora que los templos se han vaciado de sentido, de sus montones de creyentes ignorantes de sus fes, no sé si tengan fe, en qué es lo que creen diría Eco, ¿qué es lo que nos hace humanos ahora? Dicen que el lenguaje, que la tecnología, la civilización... qué las religiones son cosa del pasado. Pero en un tiempo donde el sentido espiritual está en el pasado... ¿qué vivimos como humanidad?
La pregunta la arrogo pensando que occidente a retomado la visión de oriente, yoga, reiki, tai chi, tantra, meditación... espiritualidad que se duda de occidente.
Y vuelvo a levantar la cabeza, es diciembre, es fin de año, es invierno sin razón, es un mundo desconocido y tal vez menos fiero, es un mundo vacío de sentido, del sentido que tanto ha hablado Frank después de vivir la deshumanización en carne propia, es mundo militarizado, es un mundo donde lo global arrastra aún a los más ricos y ante todo eso: ¿qué somos? ¿qué es lo que nos toca repensar, solucionar y cuestionar de esta humanidad? ¿En qué momento hemos construido la imagen de que un vampiro es lo más romántico que podemos aspirar?
No se puede negar que de momento a diferencia de otros años, hay muchas caras conocidas que se asoman en la vida, el regreso de voces que nos hacen asumir que la vida va bien y tranquila. Sin embargo hay el peso de un tiempo que se aproxima que duele más, un tiempo de rompimiento que se acerca nombrado y existente, pero no tomado, ni vivenciado.
La tecnología hace de este fin de año un sismo mental para darle la bienvenida a un año que de entrada nace anciano, con la esperanza de ser ese héroe trágico que nos dará todo exigiendo un culpable y tendrá que asumir que es él; siento que el 2009 tendría que llamarse Edipo, ser el hombre que exige una respuesta a sus males y enterarse que el mismo los engendra y que todos sus hijos cargaran con el peso de su maldición. Entonces tal vez diremos que los cuatro jinetes del Apocalipsis están por llegar, aunque en Hollywood está de moda todo lo que tiene que ver con las génesis de los superhéroes o por lo menos de las historia que parecen sin cabeza.
2009 tiene marcado aún a días de su nacimiento un sentir que otros años ya han cargado: 29, 82, 88, 94, 00, y ahora será un ingenuo 09, un nueve que tiene la cualidad de no sumarse ni restarse, con otros números y siempre ser él, de ser y no ser con el mundo y sin él, un nueve que dicen los pitagóricos alumbra al mundo porque su divinidad nos permite seguirlo y en su sabiduría ser el salvador de este mundo.
Y entonces se suma la crisis que viene, más el vacío que existe, más el frío furia, más el comprar para existir, más las armas en el mundo, más el mundo sin mundo, más el mundo lleno de depresión, más el frío decembrino que llama unas navidades sin sentido, más el mundo imaginando su destrucción en el 12, más no sé cuantos países esperando el 10 para festejar sus revoluciones. El mundo que vivo y relato no son tan desconocidos cómo ingenuamente he creído. Me detengo a pensar, la figura de Heidegger, ante su ensayo de "¿y para qué poetas en tiempo de penurias?", verso que toma prestado a Hölderlin y no creo que pensó en tiempos nazis sobre la humanidad. Todos creemos que vivimos el peor sentido de la humanidad, todos creemos que el pasado es un pequeño holocausto a lo que ahora respiramos; sin embargo he renunciado a ese punto, siento que ahora nos hemos vuelto más animales y eso es todo.
Ahora que los templos se han vaciado de sentido, de sus montones de creyentes ignorantes de sus fes, no sé si tengan fe, en qué es lo que creen diría Eco, ¿qué es lo que nos hace humanos ahora? Dicen que el lenguaje, que la tecnología, la civilización... qué las religiones son cosa del pasado. Pero en un tiempo donde el sentido espiritual está en el pasado... ¿qué vivimos como humanidad?
La pregunta la arrogo pensando que occidente a retomado la visión de oriente, yoga, reiki, tai chi, tantra, meditación... espiritualidad que se duda de occidente.
Y vuelvo a levantar la cabeza, es diciembre, es fin de año, es invierno sin razón, es un mundo desconocido y tal vez menos fiero, es un mundo vacío de sentido, del sentido que tanto ha hablado Frank después de vivir la deshumanización en carne propia, es mundo militarizado, es un mundo donde lo global arrastra aún a los más ricos y ante todo eso: ¿qué somos? ¿qué es lo que nos toca repensar, solucionar y cuestionar de esta humanidad? ¿En qué momento hemos construido la imagen de que un vampiro es lo más romántico que podemos aspirar?
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