miércoles, junio 03, 2009

La sutileza de un momento

A Lego,
porque me hizo querer más.


Me levante con ganas de que lo vivido hubiera durado más tiempo, que esos minutos de felicidad se hubieran alargado, mucho más de lo que fue. Quise creer que la felicidad de unas escasas horas se podría mantener en mi piel durante días, semanas, meses; por lo menos unos días más antes que me consumiera la rutina y la duda de lo que un día fue tan extraordinario para quedarme con ganas de que vuelva a suceder y un poco más.
Dicen que la felicidad es a cuenta gotas para poder darnos cuenta de su presencia. Pero no sería justo que un momento de felicidad pudiera expandirse de menos tres veces tres ella misma, para que los grises cotidianos no nos amedrenten las almas y tengamos un cuartel de alegría para las tempestades.
La felicidad es arriesgarse hasta decir ya no puedo, también es arriesgarse hasta pensar que le mundo es un algodón de azúcar color rosa y que cada instante lleno de placer puede multiplicarse y perdurar en la memoria del cuerpo para que en cada sueño regrese cómo una madre acurrucando a un niño que no quiere volver a cerrar los ojos por miedo a las pesadillas.

La felicidad es sutil, es apenas un segundo, ni siquiera se puede hacer cronograma de cuando llega o cuando se va, es, es el estado más presente y el recuerdo que nos permite andar caminando aún solos, con la seguridad que es la soledad más hermosa y puede jactarse de decir "Yo lo hice y lo amé, lo disfruté, lo viví...".

A veces nos olvidamos de que existen momentos que rompen toda la rutina, la vida y aún efímeros nos hacen repensar la vida entera. Las decisiones que tomamos frente a la vida, son acaso palabras que se lleva el destino y nos deja desnudos cuando el recuerdo de un momento brillante nos hace repensar lo que deseamos hacer. No se puede regresar a la oscuridad cuando se quiere la luz. NO se puede dejar la luz cuando se sabe que es un abrazo cálido para andar suspirando por el segundo en que el beso es profundo, el abrazo seguro y compartir se torna en placer de camino para aquel que respira sin miedo el arriesgar la vida para vivir un poco o un mucho de felicidad.

Si la conozco, si he vivido momentos que me aferro a tenerlos en mi memoria e invocarlos para que la próxima vez que ella entre en mi vida, sea mucho más de lo que ha sido. Agradezco la felicidad como la tierra la lluvia, soy feliz como el verano cubierto de caricias, de verdes que hacen del mundo un paraíso caluroso y listo para la cosechas.

La felicidad es un momento que siempre regresa, que siempre nos permite decir, una vez más.

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