Rodrigo pregunto sobre la diferencia de los libros para los grandes y los suyos, le dije que los de los grandes sólo tienen un motón de letras que algún día leerá. Rodrigo a lo mucho tiene cuatro años. Entonces le enseñe un libro con imágenes y comencé a leerle y volvió a preguntarme sobre qué si las letras debajo de todas las imágenes eran iguales, le dije que no, le dije que eran palabras y eran diferentes, le conté que su nombre también es una palabra. Entonces supieron todos que su nombre es una palabra. El descubrimiento fascino.
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Al grupo de primer año de kinder le presente el muñeco de la palabra, un pequeño elefante. Al discutir que nombre ponerle, discutimos si era niño o niña. Valentina dijo que era niña porque tiene moño rosa y las orejas rosas. Juan Pablo y Emilio dijeron que era niño porque era gris. Decidimos ponerle Fa y no volvimos a discutir sobre el asunto.
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Andrea me dijo que ella si estaba calladita, que ella quería escuchar el cuento... no pude leérselo, su grupo tenía tal fiesta, que se termino el tiempo antes de leerlo.
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Danielita quiere tocar el elefante, me dice que ya se lo de, que lo quiere en ese momento. Entonces Ever le dice que no, que debe esperar sus turno, que a todos les va a tocar, pero que va a ir pasando por el círculo y que después llegará su turno.
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Miguelito aún cambiando de escuela, me ve entrar a su salón o él entrar al mío y pide el cuento del ruidito, lo quiere cada que ve libros. Ese libro no llegará hasta dentro de cinco meses a su plantel, de cualquier forma recomiendo para tratar el tema de la oscuridad con los niños pequeños ¿Te da miedo la Oscuridad? del FCE.
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Adrian, un tremendo niño, fue el único de su salón que sabía que la pelota del orden, es la pelota del orden, se puso panza abajo y me escucho. En la parranda que es para el la escuela, hoy por fin se la paso con los libros.
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Los niños me dejan fascinada a últimas fechas, sus logros que no son míos pero me comparten, sus abrazos, sus besos, sus preguntas, sus historias. Parecen que luego dicen cosas sin sentido, pero por algo lo dicen, algo en su vida los hace pensarlas, los hace notar que algo ocurre sin que entiendan mucho.
Los libros, la clase de fomento a la lectura con ellos es emotiva, mi voz, mi ser, mis ideas, a pesar de ello debo ser dura, marcar límites, llevarlos a su salón, decirles que no usen el barandal de resbaladilla. Algunos me regalaron su nombres desde la primer travesura o cara linda, otros sigo tratando de robárselos, pero son muchos y mi memoria es poca para ellos. Sin embargo trato de aprender todos los días, por ellos y con ellos; confieso que me encanta salir fascinada por lo que dicen y encuentran. Me encanta que me cuenten el cuento que yo les conté y lo pidan una y otra vez, además de que añadan y se adelanten al cuento y me pidan el libro.
Lo que me queda claro es que si no se arriesga uno ha estar frente a grupo, uno no hace nada, cuando me equivoco con un grupo, gano en el otro, son niños, cada uno tan desigual como otro, cada uno buscando entender que hacen en este mundo, en su mundo.
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3 comentarios:
Hermosas las historias. Como aquellas máquinas de movimiento perpetuo, es maravilloso como se pueden escribir historias de gente que lee a su vez otras historias. Felicidades por tener esas experiencias. Un saludo.
Un bucle es una curva que se curva sobre sí misma.
Eduardo Huchin encontró algo como una máquina de movimiento perpetuo; yo encontré un singular y tierno bucle que se pliega sobre sí mismo:
El del recuerdo de mi propia infancia.
Un abrazo a ambos
Acá reportándome, Lety, efectivamente, dar clases a los niños lo deja a uno fascinado y más en la primaria, porque ahí entiendfe uno que los niños saben taanto que han nacido con un chip como el del cel con el que obligatoriamente entienden que el verdadero muñeco debe ser el maestro, sabiduría de siglos.
MGC
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