miércoles, noviembre 25, 2009

Reflexiones en un kinder (3)


El tiempo es un extraño ser cuando uno tiene la edad de cuatro años. A esa edad, mañana es ayer, ayer es mañana, el lunes tiene cara de domingo y sólo existe la hora en que llega papá por nosotros y dejamos la escuela.
El tiempo cuando tenemos unos pocos años más comienza a tener sentido en el reloj, aprender la hora de las caricaturas, de ir a dormir, de ir a comer, de la salida de la escuela; entonces la palabra vacaciones se convierte en un tiempo deseado, su llegada es la ventaja de no tarea, días en casa, días de papá y de mamá.
Hay situaciones que rompen cierto encanto y la palabra tiemoo se resquebraja, aprender la perdida, el no, la frustación pero sobre todo la muerte a cierta edad nos rompe la imagen perfecta, le da color, forma una idea que no se comprende pero que se nombra.
Entonces cuando uno comienza a trabajar con pequeños, con niños de 3, 4 y 5 años, uno se da cuenta que para ellos el tiempo es algo que pasa, que sólo en su cumpleaños realmente pesa. El resto es un sube y baja en el que a veces viajan, a veces están con papás y otras extrañas veces, uno de sus compañeros pierde a su papás.

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