domingo, agosto 22, 2010

Un mes

A Hugo Cruz,
por el consejo.


Hace un mes salí de la tranquila, pequeña, colonial y muy mía Morelia. Llegue al DF con ganas de regresarme el primer día, luego se dieron los brincos y llegue al mes, osea hoy.
Hoy puedo decir lo que me seduce del DF, en un mes en el que no he regresado a mi casa, en el que sólo la tecnología me mantiene en contacto con los morelianos.
El DF aún lleno de sus problemas, de sus inseguridades, construcciones y tráficos es un mundo que se plantea ser el lugar de la paciencia. No hay esperanza, no hay paso fácil ni sencillo. Es la ciudad que te obliga a estar sentado mucho tiempo en el metro "leyendo" el mundo real, los otros los que se sientan a tu lado, los que suben y bajan del metro. Aquí se convive con esa universalidad de pensares y sentires, desde hippies, darks, señores de traje, amas de casa, mujeres rumbo al trabajo, niños queriendo la pelota de moda, los vendedores con su ritmo marcado o el silencio de los papelitos que te entregan para pedirte dinero.
También lees las zonas, no es lo mismo la Condesa, que Coyoacán, que Santo Domingo. Leer aquí es algo para expertos, todo tiene un sentido que se construye en esa paciencia que sólo un defeño puede tener. No cualquier provinciano vive asumiendo que su trabajo queda a dos horas y si falla la línea tres del metro (como ocurrió la semana pasada) puede tardar tres horas o más.
Es la ciudad que te dice que si eres paciente, lo suficiente como para esperar a que termine de llover y sólo la observas no te mojaras, aunque llegues tarde a tu destino estarás bien. El punto es la espera. Esperar la mirada del otro. Esperar encontrar al otro. Esperar el trabajo perfecto que vaya con la vida que quieres. Esperar. Y mientras esperas hacer lo que tienes que hacer, adelantar en esos pequeños detalles en los que si puedes ganarle al tiempo. Lograr meditar sobre la propia vi y seguir leyendo la ciudad, leer a los otros, leer lo que cada sitio te muestra, es más, lo que cada centro comercial tiene de diferente entre cada uno; curioso que lo diga, pero hasta eso he aprendido a leer.
Mire usted, no es un manual lo que escribo pero si aprende la paciencia y ha leer esta ciudad, estará del otro lado, es entender que el mundo tiene más miradas que sólo cantera rosa.

2 comentarios:

Victor Hugo dijo...

Mi muy querida Leticia. Gracias a ti por cada línea de tu pluma. Un abrazo grande

tania dijo...

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